En la cumbre de la carrera de Russell Crowe el cine nos deleitó con esta película sobre la vida de la realeza en Roma. Como no podía ser de otro modo, en esa época estaban de moda las conspiraciones, las traiciones y las rebeliones, y de éso iba a tratar la peli.
Empezando con un gran inicio (al más puro estilo Salvar al Soldado Ryan), nos da una muestra de cómo eran las guerras entonces. Con una buena recreación, muchos extras y algún discurso Hollywoodiense típico, te metes en la secuencia de lleno, aunque seguramente aquellas guerras no eran tan atractivas en realidad.
Después de este preámbulo, que simplemente te sirve para meterte en la época y presentar a Máximo, empieza la película en sí. Cómodo se entera de que su padre (el César) no quiere que él sea su sustituto y, en cambio, lo sea Máximo, el General del ejército. Al pobre Cómodo se le va la pinza, mata a su padre, intenta matar a Máximo y tiene a su hermana y sobrino secuestrados.
A partir de entonces, Máximo emprende un camino desde lo más bajo, luchando como esclavo en los coliseos del Imperio hasta plantarse en Roma, en los Juegos. Aprende que debe ganarse el público para ser fuerte y poder desafiar al Emperador Cómodo, que no tiene una buena opinión pública.
Espadas por aquí, tigres por allá y tenemos una película muy buena, que Crowe hace que te pongas del lado de Máximo y Joanquin Phoenix, también con otra grande interpretación, hace que le cojas manía a Cómodo aunque puedas llegar a entender sus motivos.
Ya se considera un clásico de las películas históricas y, aunque definitivamente no es para todas las edades, todos tenemos que verla como mínimo una vez.
Nota: 7,5/10
